in der bruchlosen Ferne, dans la crevasse du temps

2001
Flauta
Clarinete
Percusión
Violín
Violonchelo

La memoria non svolge che le immagini (la memoria no engendra sino imágenes) se puede leer en uno de los poemas del libro “Il dolore”, escrito por Ungaretti a la muerte de su hermano.

Imágenes que, en su calidad de signos, tienen la capacidad de acercar, de traer o atraer a la presencia lo deseado y, al mismo tiempo, inevitablemente, mostrar la irreductible distancia con lo perdido, la herida siempre abierta del vacío sin imagen.

Y es esta distancia la que se interroga en esta obra.

Ya en el mismo título se intenta hacer patente (y no sólo en el plano semántico) una frontera o límite que abre, enlaza y separa espacios lingüísticos diferentes. Habiendo escogido dos lenguas no maternas (búsqueda ya de un extrañamiento), la primera mitad corresponde a la traducción alemana realizada por Paul Celan de un verso en francés de André du Bouchet (poeta fallecido durante el trabajo compositivo y referencia importante en esta obra); la segunda parte describe el camino inverso: se trata de la traducción francesa realizada por du Bouchet de un verso en alemán de Celan. Este proceso de traducción, este atravesar las distancias que median entre ambos espacios de lenguaje, no se produce sin que este lugar fronterizo, este no-lugar, ponga en “entre-dicho” la posibilidad de una traslación que no aceptara las “ad-herencias” y pérdidas que, necesaria e involuntariamente, se producen en ese tránsito.

Esta “técnica” de la traducción, esta experiencia que muestra la fractura o articulación que separa y reúne ambas orillas, es aplicada en esta obra con un criterio compositivo extraído de la raíz del contrapunto canónico: una misma estructura de diversas formas de aparición y desaparición, de presencia y ausencia del material, “atraviesa” simultánea o sucesivamente los diferentes cuerpos sonoros instrumentales y se materializa de acuerdo a la específica corporalidad e historia de cada uno de ellos. Por un lado, el instrumento es considerado como cuerpo sonoro, como espacio acústico de relaciones latentes; por otro, como portador de historia, de una tradición interpretativa. Ambos aspectos son observados como bajo una lupa para, intentando mantener siempre su esencia, alcanzar una multiplicidad de gradaciones en el interior del sonido que permita re-componer en la escucha aquello que, al mismo tiempo, unifica y diferencia.

Lejanía sin ruptura (bruchlose Ferne), grieta del tiempo (crevasse du temps).

Quizá la pregunta última sea: ¿qué imagen engendra la memoria de la pérdida de aquel ya nunca conocido? Quizá esa imagen sea como el lugar invocado y cuestionado por Rilke en uno de los Sonette an Orpheus (el dedicado a la distancia): un lugar donde, sin ellos, se hablara el posible lenguaje de los peces.

José Luis Torá